Viaje de fin de semana con susto.



 
 Abres los ojos.
 
Estás en medio de un desierto.
 
“Joder” –piensas. “Debe hacer por lo menos 50ºC”
 

Tienes la boca tan seca que sientes grietas hasta en el paladar.
 
El agua caliente de la cantimplora ya se te acabó hace un rato.
 
Ya no hay saliva que tragar.
 
 
“Mierda”
 
 
Te paras.
 
Tus pies están clavados en la duna.
 
Te das cuenta de que llevan tantos pasos hundiéndose en esa arena abrasadora que ya ni siquiera notas que te están quemando. 
 
El sol te cae vertical a la cabeza.
 
No tienes sombra.
 
Hasta ella te ha abandonado allí.
 
 
 

Miras a un lado.
 
Miras a otro.
 
Todo es igual.
 
Arena y más arena.
 
Curvas sin rastro humano, sin un hilo de huellas.
 
 
 
 
Sabes que has llegado allí porque en el último campamento viste a muchos viajeros hablando maravillas de la orilla del Atlántico.
 
Los viste ir, y tú fuiste detrás.
 
Ahora, mires por donde mires, no hay ni viajeros ni orilla.
 
¿Vas a la izquierda?
 
¿a la derecha?
 
Todas las direcciones aquí son la misma dirección.
 
La dirección en el que no pasa nadie.
 
 
 

Allí sólo hay sol, arena y un cuerpo que se evapora. El tuyo.​
 
 
 

Ves algo a lo lejos algo que se acerca.
 
¿Te lo estás imaginando?
 
Ya ni lo sabes.
 
Parece un tipo en un caballo marrón.
 
Sigue acercándose.
 
A 50 metros, más o menos, puedes ver que lleva una gandora blanca (vestimenta típica del desierto) y un turbante color crema.
 
 
“Para ir tan equipado y tan solo, cabalga de puta pena” –piensas.
 
 
Cuando se acerca, te das cuenta de que es demasiado blanco para ser de allí.
 
Se quita el turbante.


“Joder, lo que me faltaba ya”–dices en voz baja. “Un pelirrojo”
 
 
 
​​
– ¿Sabes dónde estás?–te dice.
 
– No del todo.
 
– ¿Dónde vas?
 
– A la orilla, tengo gente esperándome allí.
 
– ¿Y cómo piensas llegar?
 
– ¿Tú quién eres, la policía o qué? Pues la verdad, ya no lo sé. Iba siguiendo rastros, pero… 
 
–Si quieres, te acerco. Pero te costará 10.000 Dirhams.
 
¿10.000 Dirhams? Pero eso es muy caro, ¿no?
 
 
 
​​​
–¿Muy caro para cuánta distancia?
 
 
 
 
Joder con el pelirrojo.
 
 
 
​​
¿Sabes cuánta distancia sería?–insiste.
 
– La verdad es que no exactamente–contestas.
 
Entonces, ¿cómo sabes que es caro?

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