Te falta soledad



​​A un taller en el que participé se acercó una vez un profesor que respondió algo muy raro para conseguir hacer más específica una propuesta.

Creímos entenderlo,

más o menos sabíamos de lo que hablaba, 

pero fue más tarde cuando entendí todo el sentido que tenían sus palabras,

…y si tú tienes algo con lo que te gustaría interesar al mundo, estoy casi seguro que la corrección que hizo te interesa.




Ese día se presentaba lo que iba a ser “la idea central” de un proyecto que debíamos desarrollar,

un descubrimiento sobre el cual seguir creando algo,

algo “interesante” que poder evolucionar.




Claro, cuando eres novato crees que fingiendo que has trabajado mucho te puedes librar de una mala corrección, 

que apilando muchas fotos puedes salvarte por peso, 

“Lo importante es esforzarse y participar” y todas esas cosas.


Eso pensaba una chica que presentaba ese día, cuando olvidó que quien corregía no era su tía abuela (que la quiere sin condiciones) 

no, no era ella, 

sino un tipo que tenía el culo pelado de ver propuestas como la suya y a quien no iba a engañar ni ella ni el resto.




Cuando la chica terminó la presentación, este profesor, mirando a un punto fijo en algún lugar del suelo y casi dolido, le dijo:

“Esa no es la esencia de tu proyecto. Te falta soledad.”




La propuesta de esa chica estaba llena de tópicos.

Había salido a bucear con tubo, en lugar de coger la bombona y las aletas y bajar hasta donde el ojo no alcanza a ver desde la superficie.

No había llegado a lo auténtico, a lo bello. 

Le faltaba soledad.




Si quisiéramos vender, no sé, suscripciones para una revista de psicología, podríamos decir:


Abónate a Psychology Today y disfruta de lo último en psicología”


Y nos faltaría no mucha soledad, sino toda.

Si escribiéramos, por ejemplo:


¡¡Los Secretos de Psicología que el Sistema NO Quiere que Conozcas!!”


Nos seguiría faltando soledad, porque estaríamos gritándole al mundo “paso más tiempo en internet que en la cabeza de mi cliente”

pero al mítico copywriter Bill Jayme (que no le faltaba nada de soledad) tras encerrarse a bucear en las profundidades de su cliente, empezó esa misma oferta diciendo:


¿Cierras la puerta del baño incluso cuando estás solo en casa?”


…y fue directamente a la esencia.

(y aquí ya paro, que no soy profesor)


Si te apetece patalear hasta abajo, es una experiencia bonita,

pero si no tienes tiempo de obsesionarte por cómo respira tu cliente aunque sí que te gustaría pasar al salón de su cabeza casi sin que se dé cuenta, es por el link.

Mucho más, aquí