¿Qué come la gente que vive más tiempo?


Voy rápido:

El otro día puse en la radio cualquier cosa que no fueran los 40 principales y escuché a una chica comentar algo interesante.

El tema:

La esperanza de vida.




La chica empezó a decir que había mucho mito. 

Que si una isla de vegetarianos… 

Que si la dieta mediterránea…

Que si el estrés de la ciudad…

El caso es que la chica dijo que esas cosas seguro que importaban. 

Pero que ella había ido al sitio donde la gente vivía más tiempo y no hacían nada de eso.

Hacían otra cosa.




Me suena que el récord lo tenía una isla italiana, pero no me hagas mucho caso.

No me acuerdo del sitio pero sí de lo que contaba.

¿Cuál era el secreto?

¿Qué tenían que no tenían (tanto) otros sitios?

¿El mejor expreso?

¿La pasta?

¿El parmesano?




El secreto, por lo visto, era que todo el mundo estaba en contacto constante y directo con todo el mundo.

Y la chica lo expresó de una manera brutal:

“Cuando caminaba por la calle mientras hacía el reportaje, sentía las miradas de los vecinos detrás de cada mirilla de la puerta”


Vivían más porque la vida de uno no existía.

Existía la vida de todos.

Existía el contacto.




Claro, esto hoy pues en el mejor de los casos nos da mal rollo y en el peor llamamos a la policía.

Pero esto no es mi opinión ni la de la chica.

Por lo visto es así.

Esto, en un mundo donde la felicidad dura lo que dura el “story” pues como que nos va sonando un poco lejano.

Vivir así está caducado.

Pero esa proximidad nos conecta.

Es dinero afectivo.




En una empresa esto no es muy diferente. 

Si no escribimos para que nos miren y nos quieran escuchar, lo único que vamos a recibir es indiferencia y frío.

Y es justo.

No hemos hecho nada por recibir otra cosa.

Y no se trata de decir:

“Más que un despacho de abogados…

Se trata de… hay algo más aquí.