Olvidar algo con gran poder de ventas en una caja de cartón en el trastero.



Todos sabemos ya que muchos sacan pecho con “profesionalidad” que no les acerca a un cliente:

Experiencia, seriedad, quiero más a mis clientes que a mi madre y chorradas así.

Luego pasa algo gracioso:

Lo que sí que les acercaría a esos clientes que no llaman, cuando miras bien, te das cuenta de que hay que ir a buscarlo a la trastienda.

La mejor camiseta no está en el escaparate.

Está en la trastienda.

Ups.




Un ejemplo:

Hace un tiempo estuve en reunión con el responsable de un negocio bastante fuerte.

Para lo que te voy a contar no importa su nicho.

Eran servicios.

Le pregunté si daba alguna garantía:


“Si (algo oculto) se jode y es culpa nuestra al cliente no le cobro.

Eso no figura en ningún sitio, pero viene por política de empresa u honestidad, por profesionalidad:

Si yo ofrezco un servicio y la cago, ¿cómo lo voy a cobrar?

Tendré que entonar el mea culpa,

disculparme,

hacer la reverencia, 

lo que sea…”




Profesionalidad invisible.




Resulta que el miedo a que (algo oculto) pasara era precisamente el foco de desconfianza más bestia de su cliente.

Y el drama es que eso, que es capital “no figura en ningún sitio”.


¿Cuánto dinero se va ahí cada 10-15 visitas?


Igual poco, igual mucho.

…o igual una verdadera pasta.

Pero la verdadera putada es esta:




Que garantices algo que no le da ganas de comprar a nadie no sirve para mucho.

Es querer meter el tercer gol cuando empieza el partido.

No vale.

Hay que meter los dos primeros antes.

Para que una garantía (con riesgo para ti) tenga sentido en la cabeza de tu cliente y de verdad le sirva para mover el culo, tengo un servicio.

​No hace magia, pero si mueve gente.

Si te interesa, es abajo:

Hay algo más aquí.