La mítica historia del Seat Supermirafiori del marinero.

 

Si no lo sabemos al 100%, al menos intuimos que tener siempre todo de todo con solo desbloquear el móvil nos está quitando las ganas.

“Resuelve los problemas de mucha gente y te harás rico”

Eso nos dijeron a todos.

Lo que no nos contaron es que necesitamos los problemas, funcionamos con ellos, son nuestra gasolina.

O los tenemos, o somos más desgraciados.

(Quién dice problema dice reto, tú pon la pegatina que quieras, me gusta más reto.)




Hoy hay todo de todo.

Hoy ya no hacemos cola para comprar el CD de un cantante que llevamos esperando escuchar dos años y que vamos a acariciar como si fuera el anillo único durante tres meses.

Hoy no.

Hoy, vamos a tener que encontrar la manera de quitarnos cosas para emocionarnos.

Capitalismo versión 2.0, ¿o es 3.0?

No entiendo de versiones.




Pero hay una historia muy graciosa que contaba Santiago Rodríguez, que sí que entiende de muchas cosas entre otras publicidad, y que igual te hace gracia.


Mira, en los 70 por lo visto los coches tardaban meses en llegar.

Los pedías, y casi te los construían a ti.

Meses.

(Hoy en esos mismos meses han sacado un modelo nuevo y que Dios te coja con un lising maldito dinosaurio)

Por lo visto, en esos tiempos todo el mundo quería un Seat 131 Supermirafiori.


Te dejo con Santiago Rodríguez, que lo cuenta mejor que yo:



– Hola, quería comprar un Supermirafiori.

– Yo también quiero comprarlo pero no hay existencias– respondía el vendedor.

¿Y cuándo habrá?– preguntaba el hasta hacía un instante
ilusionado cliente.

Vaya usted a saber, siete meses, quizá diez. La fábrica
está a tope y no hay manera de atender todos los pedidos. Es
un automóvil con tan buenas prestaciones…




(Pero ahí, el cliente, por el rabillo del ojo, veía un Supermirafiori en el concesionario, salivando)




-¡Oiga! ¿Cómo dice que no hay coches disponibles? ¿Y ese
de ahí?

-iAh! Ese es de un marino que está en altamar.

– ¿De un marino? ¿Y cuándo se lo entregan?


– Pues no sé. Lo tenemos reservado para cuando desembarque.


– Y ¿no podría quedármelo yo y ustedes le preparan otro a el
para cuando vuelva a tierra? Yo lo necesito para el trabajo


– No sé, no sé… Tal vez. Pero le advierto que el marino ese
debe ser un hombre caprichoso de verdad. Fíjese que ha ordenado que le pongamos al coche un equipo cuadrafónico especial, alarma de cinco sensores, asientos tapizados en cuero, llantas de competición, pintura metalizada..




Bueno, lo que pasó ya te lo imaginas.

Pero lo gracioso es que, como cuenta Rodríguez, cuando el cliente “salía del concesionario con su flamante Supermirafiori”.

el comercial descolgaba el teléfono y llamaba al del almacén:

“¡Que suban otro coche del marino!”




Bueno, esto es una broma y lógicamente no hay por qué vender así,

(que ojo, tampoco soy profesor de ética)

pero se puede coger ese principio y hacerlo menos forzado, más natural, más honesto.

No sea cosa que el tipo pase al día siguiente por delante y vea otro coche como el suyo, y quedes en evidencia.

Pero si vendes algo, sabes que el “vuelva usted mañana” siempre es una mala idea.

Si quieres, aquí abajo la trabajamos.

Mucho más, aquí