La fina línea entre ayudar y perder dinero.


Por si quieres ayudar a alguien.

Por si le has echado muchas horas.

Por si cuando has tenido la oportunidad lo has hecho bien.

Y por si te parece justo que ese valor vuelva a la app de tu banco de desconfianza…

(como diría mi amigo Mario10%)

…te cuento algo:




Casi todo el mundo que vende algo se pregunta hasta dónde da valor.

Dónde está la línea.

Dónde vemos que a partir de ahí, ya no funciona.

Te aviso:

Aquí voy a darte el síntoma.

Sólo el síntoma.

La verdadera línea no porque entonces te estaría diciendo A y haciendo B y eso está feo.




El síntoma:

Si gente que no es tu cliente te da unas gracias sentidas y con mucha  emoción, admiración y devoción…

Igual te has pasado 20 pueblos.

Y ojo con pensar:

“Es que a mí me gusta ayudar”

Si te gusta ayudar, véndeles lo que tengas para ellos.

Punto.

Es que cuando te dan las gracias los estás retrasando.

Les estás limitando la vida.


¿Por qué?


Porque piensan que ahí se queda la cosa.

Piensan que ya lo saben. 

Y quien cree que ya lo sabe no sigue por ahí.

Sigue por otro lado.

Y si sigue por otro lado, no resuelve nada.


Gracias por la des-ayuda.




Es que si haces eso, los estás confundiendo. 

Antes pensaban que no sabían y no sabían. 

Ahora piensan que sí saben y no saben. 

La gente más peligrosa piensa eso.

(y la más estancada también)

Si dices cuatro cosas y la gente te da las gracias de corazón es porque tienes algo que no dices que casi seguro les puede mejorar la vida.

(Un ejemplo de lo contrario no me viene a la cabeza)

Entonces si muchos te dan las gracias y ves que lo que ganas no es suficiente, pues tienes que venderlo mejor.

Es que no hay otra opción, pero hay algo más aquí.