Jugarreta clásica en redes sociales.

Esta mañana hablaba por teléfono con una chica que es ya muchas cosas para mí.

¿El tema?

La fiesta de emociones que es emprender uno con su negocio desde la nada y estas cosas. 

Me ha contado una putada que les habían hecho en redes sociales. 

Ella y su hermano han tenido mucho éxito en redes, y me imagino que buena parte de sus clientes han entrado por ahí.

¿Por qué no seguir la misma estrategia… si va bien?

Es lo suyo.

Está claro.

Pero el problema de vivir en casa de tus padres es que cuando la cosa se ponga fea la razón la tienen ellos porque es su casa.

Traducción:

Les cerraron las cuentas.

¿Por qué?

¿Por qué alguien que no tiene ni puta idea pensó que los que no tenían ni puta idea eran ellos?

No lo sé, pero es posible.

“Nos agobiamos, pero me vine arriba y me puse a pedir los mails con cualquier excusa.

¿Dudas? Por email.

¿Peticiones? Oye, dame tu email…”

(Aplauso).

Yo entiendo que escribir para entretener y vender no es fácil, por eso está cotizado.

Te puedes pillar los dedos de mil maneras.

Pero eso no es excusa para no tratar de tener una base de datos viva.

Viva = escribo

​​

Muerta = les escribo una vez cada 6 meses para recordarles que me han olvidado y luego les pido algo.

Eso, o les mando fotos con la esperanza de que no me odien “total se ve en 5 segundos”

Meter a gente en la lista no es asunto sencillo, y esto me lo ha recordado el negocio de un cliente esta semana.

Pero ¿la alternativa…?

La alternativa es ser muy frágil.

Leí al gran Isra Bravo decir una vez que si uno tiene una lista de más de 15.000 personas y no es millonario, es que tiene que vender mejor.

Y también que vende más quien más escribe.

No lo sé, lo ha dicho él.

Yo no, él.

Y le creamos o no, es interesante entender (y lo repetiré mil veces) que a un negocio que tiene sus contactos en su casa nadie lo borra del mapa de un día para otro.

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