Historia de psicología profunda de ventas

Te cuento una historia. 

No tiene moraleja. 

Te la ahorro.

Esta historia es (me disculpas la boca) la puta hostia.

La podría llamar la hostia-historia, pero no lo haré porque no va de hostias visibles y destructivas.

Va de hostias invisibles y creativas.

Va de… 

Va de ignorar a alguien por amor. 

Ohhhh….

Te diría que puede que no saques nada de esta historia para ti.

Pero si fuera así, sería una pena.




Esta historia es real, la contaba un terapeuta.

Este terapeuta contaba que un día llegó un hombre a su consulta.

De memoria:

Este hombre le dijo que las cosas con su mujer iban muy mal.

(Con la mujer del hombre, no con la mujer del terapeuta)

El hombre le dijo que no había chispa, fuego, incendios…

Que estaban tristes, sin dirección. 

¿Por qué?

Pues el caso es que su mujer estaba muy mal en el trabajo.

No recuerdo lo que era, pero llegaba a casa todos los días tarde, y este hombre (como la quería tanto) le ponía una copa de vino francés un martes para relajarla (al más puro estilo americano) y le preguntaba:

“Cariño, ¿qué tal ha ido hoy?”

Se lo preguntaba, lógicamente, para que ella pudiera desahogarse, pues por lo visto no había nada que preguntar, sólo había que mirarle a la cara.



El caso:

Ese hombre le preguntaba eso, y esa mujer se pasaba vomitando sus miserias una hora.

(Podría ser al contrario, esta historia es unisex, que no se enfade ningún fan de nuestra ministra)

Le vomitaba míseras un día,

Al día siguiente,

Y al otro…

Aquello era un círculo del infierno, y así tampoco hay quien juegue a médicos de vez en cuando.



Le contó todo esto al terapeuta.

– No le preguntes qué tal su día.

– Pero, pero, pero… quiero tener una relación satisfactoria y no tengo masculinidad tóxica, ni me pego puñetazos en el hombro con amigos en barbacoas, ni le digo guapa a mi secretaria…

– No le preguntes.




No le preguntó.

Al día siguiente, el tipo por lo visto hizo de tripas corazón y la ignoró.

Le volvió a ver la cara a su mujer y pasó de ella.

(Pasó de la mujer y de la cara de la mujer)

Se puso a la suya. 




¿Qué pasó?

¿Le dijo ella que él no le escuchaba?

¿Le acusó de ser un machirulo?

¿Le pidió el divorcio?




No, nada de eso.

El terapeuta le dió un buen consejo porque sabía muy bien cómo es la gente.

Conoce a la gente, no se la imagina.

(Si se la imaginara no sería terapeuta, haría PDFs caros analizando el buyer persona para marcas con un marcado carácter aspiracional JAJAJAJAJAJA)

Bueno, ¿qué pasó?

Tras dos semanas ignorándola, ella dejó el trabajo.

Luego se buscó otro mejor.

Luego llegaba a casa con buena cara.

Y luego hubo chispas, fuego, incendios… y sábados sabadetes.




Pues saber estas cosas absolutamente geniales que a unos les parecen tonterías pueden hacer prosperar una empresa.

Si tú tienes una empresa muy fuerte (o conoces a alguien que la tenga) y quieres que prospere o que salga gratis…

Es ahí abajo:

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