Fracaso histórico del copywriter más caro del mundo.


 
Hoy es el día perfecto para hablar de política, pero igual mejor no.

Mejor no porque dicen que lo más peligroso que existe es alguien que sabe sólo un poco de algo.

Así que mejor de ese tema pasamos.

Pero de ese concepto no pasamos.

De eso de que “la gente más peligrosa es la que solo sabe un poco de algo” no pasamos.

Porque, ¿qué nos dice el mercado si pasamos?

“Hoy no vendes”




Hasta mi primo el que hizo la comunión hace 3 años sabe que cuando no entendemos de algo, es más fácil inventárselo y tratar de que no piensen que somos tontos, que asumir que no tenemos ni pu ta idea.

Todos conocemos a alguien que si supiera siempre de lo que habla tendría 5 carreras.

Y como dice la vecina rubia:

“Si no lo conoces, es porque eres tú”





Pero enterarte de que este espejismo no se acaba nunca por muy bueno que llegues a ser en algo..

Es duro.

Te cuento una historia que (como todas las buenas historias) me hundió en la miseria primero y me hizo un poco mejor después.


Gary Halbert (que Dios lo tenga en su gloria) escribió una vez una carta de ventas para inversores.

Les vendía su libro.

Y vendió muchos.

¿Cuántos?

No lo sé, sólo sé que muchos.


Tras fallecer Gary, Dan Kennedy (uno de los herederos a su trono) pasó por allí y vio su carta de ventas.

Se extrañó, y dijo:


“Uy, esto es muy mejorable Gary”

“Aquí hay fallos de primero de copywriter”

“Si toco esto y esto, aumento las ventas”




¿Qué pasó?

Que ese día, Mr. Kennedy, el copywriter más caro del mundo, fracasó.

No sólo no la mejoró, sino que la empeoró.

¿Cuánto?

No lo sé.




¿Qué pasó por alto?

La magia.

Se olvidó de que Gary Halbert tenía los huevos lo suficientemente grandes como para (después de escribir él mismo el libro de inversiones que pretendía vender) apuntarse a un curso de inversiones.

A un curso que ya se sabía.

Él ya era un experto, pero iba a clase todos los días.



¿Por qué?



Porque ahí estaban sus clientes.

Necesitaba hablar con ellos, escuchar sus quejas, entender la esencia de sus deseos, miedos, personalidad…

Saber qué creen, qué no creen, cómo les gusta que les digan las cosas…

Verlos en carne y hueso.




Bueno.

Muchos todavía siguen pensando que una foto y una descripción es suficiente,

y que si no funciona muy bien, es que el mercado “no nos han sabido entender”.

Por si acaso piensas que es justo (pero justo) al contrario, es por abajo. 

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