Error de preescolar en email marketing (newsletters)



Antes de que todo el mundo se fuera de vacaciones, tuve una conversación curiosa con una chica que tenía una marca de zapatos de la que hablé en su día. 

Su marca es nueva.

Para ocasiones especiales.

Lo que se llama en el mundillo “BBC”.

¿La cadena de televisión?

No.

¿Bale, Benzema y Cristiano?

Tampoco.

Bodas, bautizos y comuniones.

Ahí lo llevas.




El caso es que cuando hablábamos de ventas, le dije que qué hacía ella con sus suscriptores.



“Mmm… Nada. A mí se me suscribe gente y no doy descuentos ni doy nada, y ahí los tengo…”


Le dije que lo de no dar descuentos me parecía bien, pero que si pensaba hablar con ellos o no.



“Uff, ¿lo que hacen las otras marcas de newsletters?”


Y le dije que no, que eso no era hablar.

Eso era enseñar fotos.

Hablar no era.

Que era más un “mira y compra” superficial que no aportaba nada y que aún encima no suele ser demasiado rentable.




Pero le había despertado el sentimeinto, y ella se desahogó.

Cito textualmente:



“Dios, qué asco me dan, qué pesados son. Y eso que yo tengo una marca, pero digo Dios…”




Dios.

Dios, entre muchas otras cosas, nos dio la capacidad de no repetir como borregos las estrategias en las que no creemos porque un puñado de gente (vaga) que poco sabe de ventas las ha dado por buenas.

Pero a esta chica también le dio algo más imrpotante para sus ventas:

La capacidad de no ignorar a la gente a la que interesa su trabajo.




Porque si uno no se queda callado cuando la gente ha cogido asiento para su conferencia, tampoco es normal que desaparezca cuando entra un nuevo suscriptor.

Yo no salgo de mi verdulería si entra un tío a mirar verduras.

Tampoco le hago descuento por guapo y por nuevo.

Lo que hago es asegurarme de que si hay algo para él, pues que lo sienta.

Hay algo más aquí

PD: Arriba hay un servicio para que más gente interesada en lo que haces te escuche, y luego ya que te compre.