El porcentaje de aperturas de mis emails.

Hay gente obsesionada con medir cosas.

Cosas que no son ventas.

Cosas como porcentajes de aperturas de correos, clicks y demás.

(Por si no sabes cómo está el patio, hay gente que te intercambia tu correo por su “mail con más aperturas de 2021”

¿Qué piensan de eso en su sucursal de Bankinter?

No lo sabemos)



El caso:

Las aperturas, ¿son importantes?

Sí.

¿Cuánto?

Pues si no hay ventas, muy poco.

Y aquí no voy a hablarte del caso del primo de mi amigo Josete, voy a hablarte de mi caso que lo tengo aquí delante.

Yo no miro mis aperturas.

Me dan más igual que la gente que se da de baja.

(y los clicks ya ni te cuento: he quitado los enlaces, así que imagínate)

Por supuesto que cada negocio tiene una naturaleza diferente, pero yo lo único que miro es el correo.

El resto me da igual.



El otro día una amiga me habló de un tema del que había escrito hace poco y entré para buscar el título del email y enviárselo.

Ahí vi las aperturas de todos.

Uno detrás de otro. 

¿Y qué pasa?

Pues que mi “peor” época de aperturas fue la misma semana que bajé la persiana y tuve que dejar de dar servicios este año porque no me daba la vida

¿Sorpresa?

Pues no, la verdad.

Si pudiera bajarlas al 5% y multiplicar por 2 los correos que recibo, lo haría con los ojos cerrados, eso te lo aseguro.

Emocionarse por las aperturas es tener demasiados complejos.

Y en ventas lo mejor es que uno haga lo posible por fusilar cada uno de ellos porque se nos ven a 10 kilómetros.

Es difícil esconderse.

Por eso, aunque no te importe mi opinión, es interesante que alguien revise tu proceso de venta y te señale con el dedo todas las piedras que te delatan…

Todas esas palabras, frases… (mención especial a las exclamaciones) que le hacen sentir cosas muy raras a tu cliente.

Eso, y también todas las armas que no usas.

hay algo más aquí