Dónde colocar tu frase más “vendedora”



Dicen que las prisas te juegan malas pasadas.

Vísteme despacio, que tengo prisa”–le dijo Fernando VII a su sirviente cuando no daba una poniéndole el traje.

Las prisas por vender no son diferentes.




Una frase con la que podrías convencer a alguien pero que dices demasiado pronto, puede perder su fuerza y pasar desapercibida “como un barco en mitad de la noche” que decía Ogilvy.

¿Por qué?

Porque tu cliente no está preparado para escucharla.

“¿Y si es verdad!”

Da igual que sea verdad o sea mentira.

La verdad aquí no importa en absoluto.




Bienvenido a esta triste historia:


Una vez tuve una primera cita.

Todo normal.

La chica bien, interesante.

La conversación bien.

Pero pasada media hora, esta chica empezó a hablarme de sí misma y de lo que ella quería de una relación.

También de lo que podía ofrecer, de cómo era ella.

De todas las cosas que le hizo su ex “mazo tóxico” y que no quería volver a vivir de ninguna manera, jamás de los jamases, y tenía toda la razón.




Aprecié mucho la honestidad, pero no volvimos a vernos.

¿Porque los pelirrojos no tenemos alma?

Esto ni lo confirmo ni lo desmiento.

Pero creo que la cosa se quedó ahí porque yo no estaba lo suficientemente interesado todavía en esa chica como para hablar del gobierno.

Para mí, aunque suene duro, esa verdad no significaba nada, porque no estaba preparado para valorarla y darle la importancia que tenía.

Ya estaba dibujándome una relación, sin dibujarme el deseo de tenerla antes.

Y darle algo a alguien que no lo quiere…

Pues no se me ocurre peor fuente de frustraciones.




(Lo sé porque, por supuesto, yo también he sido esa chica alguna vez, pero prefería contarlo desde el punto de vista del receptor)




Cuando muchos se impacientan y quieren poner su frase gancho al principio de todo “porque es verdad y porque está muy guapa”, no se dan cuenta que suena igual de genial que un “te quiero” que nos regala un señor en la calle que no conocemos de nada.

Nos la bufa en el mejor de los casos, y en el peor nos agobia.

No hay palabras prohibidas.

No hay frases prohibidas.

Pero según a qué temperatura dices lo que digas, te llevas una hostia o un beso.

Ya me entiendes.

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