Cartas de amor.



“Lo que pasa es que lo que a mí me gustaría, en realidad, es decirle todo esto a ella, no a usted, pero de otro modo (…) Porque dese cuenta, las palabras incluyen siempre las mismas terribles posibilidades de ser malinterpretadas y hacer de un instrumento en lugar de un piano una picana, y lo que yo preferiría es entregarle la cosa misma, el sentimiento hecho materia tangible, directa, como para que no le cupiera la menor duda de nada, que la razón no tuviera que ser tamiz ni frontera y la identificación fuera inmediata, como lo es pensar «el sol» cuando vemos el sol. Sin interpretaciones. «Toma», sin decírselo, y dárselo todo, y ya está, así de simple (…) Pero no puede ser.”

–Flavia Company.




Pero no puede ser.




Puede que uno de los deseos más fuertes que tenemos, junto con el de ser admirados, estar protegidos y sentirnos queridos, sea que nos comprendan.

“No tengo palabras para describir esto” es un muro que por mucho que golpeemos no conseguiremos agrietar.

No nos podemos saltar las palabras si buscamos comprensión.

Son al mismo tiempo la herramienta que nos quita los grilletes,

…y los grilletes mismos.


Podemos expresarnos con música, con gestos, quizá con arte, pero

¿Entregar el mismo sentimiento hecho tangible?

¿Sacarnos una bola de luz del pecho y ponerla en el pecho del otro?

Sería genial, sí.

Pero no puede ser.




Puede que el gobierno te cierre el negocio y te obligue a vender todo por internet.

Puede que internet se rompa, y que te toque vender por carta.

Puede que correos caiga, y que te toque poner carteles.

Puede que no te dejen poner carteles, y tengas que comunicar lo que haces por una radio clandestina.

Puede que prohiban la radio, y te toque atar mensajes en patas de palomas.

Pero de las palabras, no te vas a librar.

Y quien pretende librarse claro que puede vender, pero vende menos.

Porque (de momento) cuando alguien tiene algo y otra persona lo necesita, no puede arrancarse ese valor del pecho, hacer una bola con él y ponérselo en el pecho del otro.

Sería genial, sí. 

Pero no puede ser.




Hay que escribirlo y hay que escribirlo bien, para que las palabras puedan pasar del cerebro al pecho.

Sería bonito hacerlo sin ellas y entregar el sentimiento directamente.

Pero no puede ser.

Mucho más, aquí

PD: Dicen que el amor está en los ojos del que mira y quiere. Los ingresos de los negocios rentables están en el bolsillo de la gente que los mira y los quiere también. Pero igual me lo he inventado.